Las buenas prácticas de documentación consisten en registrar información de manera clara, precisa, completa y oportuna, asegurando que los datos, procesos y actividades puedan ser comprendidos y consultados fácilmente por cualquier persona autorizada. Una documentación adecuada debe ser organizada, actualizada, legible y respaldada con evidencias cuando corresponda. Estas prácticas contribuyen a la trazabilidad, el cumplimiento de normativas, la continuidad operativa y la toma de decisiones basada en información confiable.
